Por Yohali Reséndiz
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María Luisa López Sotelo rindió protesta como directora general del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca (SAPAC) el 14 de marzo de 2018. Un año después estaba muerta.

El 27 de marzo de 2019 fue asesinada en Cuernavaca Morelos, apenas unos meses después de haber dejado la dirección del organismo, pero antes que ella, en noviembre de 2018, también había sido ejecutado Sergio Flores, jefe de Finanzas del mismo sistema.

Dos funcionarios de primer nivel que conocían desde dentro uno de los organismos más importantes de la capital habían sido silenciados.

Un feminicidio y un homicidio que, siete años después, siguen sin resolverse, pero permanecen en el radar político.

La reciente detención de Homero Figueroa Meza, conocido como “La Tripa”, ha vuelto a la conversación de varios protagonistas de esta historia de poder y dinero.

A ello se suma una declaración reciente del actual alcalde de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado, quien confirmó que Homero Figueroa Meza formó parte de la nómina municipal durante la administración de Cuauhtémoc Blanco.

Pero para entender la historia, hay que regresar en el tiempo al inicio de la administración de Cuauhtémoc Blanco en Cuernavaca, Morelos.

Según testigos directos de aquellos acontecimientos, cuando Cuauhtémoc Blanco ganó la alcaldía de la capital de Morelos llegó acompañado únicamente por una persona: José Manuel Sanz. Así que gran parte de las posiciones políticas fueron definidas por dos hermanos: Julio y Roberto Yáñez.

Entre esos nombramientos estuvo un empresario italiano colocado al frente del SAPAC, pero la relación política duró poco.

Los mismos testigos consultados para esta columna sostienen que en menos de un año comenzaron las diferencias entre Cuauhtémoc Blanco y quienes lo habían impulsado políticamente, lo que derivó en la salida de varios funcionarios identificados con ese grupo, incluido el entonces director del sistema de agua potable.

Es en ese momento cuando aparece con más fuerza el nombre de Homero Figueroa Meza, quien hasta entonces mantenía una relación con el organismo vinculada a la recuperación de la cartera vencida.

Las fuentes aseguran que esos recursos representaban entre 500 mil y 800 mil pesos mensuales. “Yo sabía que de esa cantidad la mitad era para Cuauhtémoc Blanco”, dice una de las fuentes entrevistadas.

Al quedar vacante la dirección del organismo, Homero Figueroa Meza tomó control del SAPAC a través de un encargado de despacho de apellido Torres y llevó personas provenientes de Acapulco para ocupar posiciones consideradas estratégicas dentro de la estructura administrativa. Así, conforme avanzó ese control, también aumentaron las cantidades de dinero que circulaban alrededor del organismo. “Ya no era solo la mitad, ahora era un millón mensual que se le entregaba a Cuauhtémoc Blanco sin intermediarios hasta que se fue como gobernador”, me explica el entrevistado. 

Debo aclarar que estas versiones no han sido acreditadas judicialmente y no por ello son mentiras.

Todo lo anterior forman parte de los relatos que durante años han circulado entre exfuncionarios, trabajadores y actores políticos que conocieron aquellos acontecimientos.

La historia da un giro cuando Cuauhtémoc Blanco solicita licencia para buscar la gubernatura de Morelos y fue en ese momento cuando comenzaron fracturas relacionadas con el control político y administrativo del SAPAC.

Y ahí, vuelve a aparecer el nombre de María Luisa López, porque hay que escribir que ella no era una funcionaria cualquiera.

Durante su gestión promovió denuncias por robo de documentación, equipo de cómputo y presuntas afectaciones a infraestructura hidráulica. Conocía el sistema desde dentro, había leído y formado expedientes y, claro, conocía los conflictos, sus soluciones y también a quienes tomaban decisiones alrededor de uno de los organismos más importantes de Cuernavaca.

María Luisa López fue colocada en esa posición estratégica dentro del organismo con respaldo de quienes en ese momento tenían influencia sobre el sistema; luego surgieron diferencias relacionadas con el manejo administrativo y financiero de la dependencia.

“Ella comenzó a negarse a entregarle dinero a Homero Figueroa Meza. Villalobos buscó a otra persona para hacerse cargo del sistema y lo defendiera de Homero Figueroa Meza. Él entonces lanzó amenazas de muerte y ahí entró la gente armada en SAPAC”.

A partir de ahí aparece una hipótesis: que su asesinato corrió a cargo de “La Tripa” y benefició a quienes buscaban cerrar cualquier posibilidad de revisar decisiones administrativas y financieras tomadas durante esos años dentro del SAPAC.

Quienes sostienen esa teoría argumentan que María Luisa concentraba información sensible sobre la operación interna del organismo y que, con su muerte, también desaparecía una de las personas que podía explicar lo ocurrido durante ese periodo.

Aunque los testimonios consultados coinciden en otro punto: fue durante la transición hacia la administración de Antonio Villalobos “Lobito” cuando persistieron tensiones por el control del sistema de agua.

Algunos recuerdan un ambiente de confrontación desde la propia toma de protesta del nuevo gobierno municipal, donde, afirman, existían temores sobre posibles conflictos entre grupos que disputaban espacios de poder dentro del organismo.

Las mismas fuentes sostienen que Antonio Villalobos “Lobito” buscó colocar a personas de su confianza para hacerse cargo del sistema y evitar que continuara la influencia de grupos que anteriormente habían operado dentro del SAPAC.

Los testimonios afirman además que parte de las personas que habían trabajado dentro del SAPAC bajo las órdenes de Homero Figueroa Meza posteriormente fueron trasladadas al municipio de Jiutepec mediante acuerdos políticos que identifican con la administración encabezada por, adivinen quién, así es, el ya corrupto Rafael Reyes Reyes. “Fue en eso cuando Homero Figueroa Meza se va al oriente del estado”.

¿Qué sabían quienes fueron asesinados?

¿Qué expedientes conocían?

¿Qué información desapareció con ellos?

¿Quiénes se beneficiaron con su ausencia?

¿Realmente “La Tripa” cumplió sus amenazas? 

Las investigaciones siguen en los archivos de la Fiscalía General del Estado.

Hoy, la detención de Homero Figueroa Meza trae una historia que muchos creían enterrada y obliga a mirar nuevamente uno de los capítulos más oscuros del SAPAC.

Quizá los expedientes se archivaron, pero las preguntas no y en Cuernavaca, Morelos, los cuestionamientos sobre el agua, el dinero, el poder y sus muertos siguen esperando respuesta.

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periodismoatodaprueba@gmail.com / @yohaliresendiz

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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