Por Frida Mendoza
Para Mari, que está en las flores más bellas
“Necesitamos escucharnos más.” “El cáncer no te define.” “El detonante debería ser la detección.” “Tal vez fui la primera paciente tocada por Zoe…”
El último jueves de septiembre -sin ser todavía en octubre rosa- un grupo principalmente reunido por mujeres nos congregamos en uno de los patios más lindos al sur de la Ciudad de México, la Casa del Risco para escuchar una variedad de historias de vida, experiencias y conocimiento que nos dejó con la piel chinita pero también con aprendizajes y, tal vez para algunas, el recuerdo mezclado con el deseo de que este ejercicio continúe replicándose y más mujeres maravillosas fueran parte de estos paneles.

Cuando Pamela Cerdeira inauguró el Foro rememorando el trabajo de tres años en Opinión 51 con el Proyecto Zoe, que comenzó en 2023 como una iniciativa conjunta con AstraZeneca para traer la columna de una mujer -Zoe- que mezclaba la historia de cinco pacientes sobrevivientes al cáncer de mama y que posteriormente mutó en una sección que durante meses ha publicado testimonios directos de mujeres sobrevivientes y ahora nos unió un evento con pacientes, sobrevivientes, fundaciones dedicadas al cáncer de mama, medios, columnistas y especialistas y profesionales de la salud, nos invitó a pensar también en todos aquellos testimonios que no alcanzamos a publicar, ya sea porque no conocen este proyecto o porque ya no están con nosotrxs.

Ese fue el primer momento en el que pensé en Mari, la mamá de Mora, mi mejor amiga, que este 2026 cumplió nueve años de su partida terrenal a causa de este tipo de cáncer. Pensé por segunda vez en ella cuando Judith, Mariana, Mirna y Andrea compartieron su testimonio con nuestra querida editora y también sobreviviente del cáncer de mama, Soledad Durazo, y en la conversación se reiteró el mensaje de que el cáncer fue parte de su historia de vida, pero no las define. Porque Mora me recuerda eso: su mamá nunca quiso ser encasillada en una enfermedad y aunque no esté con nosotras, nunca lo será porque la recordamos por muchísimas más cosas.
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Hace dos años cuando Soledad nos compartió la historia de su encuentro con el cáncer en Opinión 51 dijo por primera vez la importancia de Zoe en su vida para animarse a realizarse los estudios de rutina que no deben de postergarse y en el evento de este jueves nos lo recordó: “Zoe fue la voz de mi cruda moral por postergar, tal vez fui la primera paciente tocada por ella que me llevó a hacerme mis análisis”. Pamela le respondió lo que todas las personas que la escuchamos sentimos: nos dejaste con la piel chinita.
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Sé que hablo con cariño de este evento porque fui testigo del corazón que Graciela Acevedo, Pamela Cerdeira, Sandra Romandía, Soledad Durazo, los equipos de diseño y edición de Opinión 51, las fundaciones de Rebeca de Alba, Musas, FUCAM y AstraZeneca pusieron en el foro.

Pero también sé que esa llamita en el corazón se quedó en las personas que escuchamos en la primera mesa testimonial la fortaleza de Mirna con que afrontó su historia a partir del diagnóstico de varios de sus hermanos; el amor con el que Mariana se expresó de su red de apoyo compuesta por su mamá, sus hermanas, su pareja y sus hijos; la garra de Judith para darle la vuelta a su diagnóstico y subir cada escalón hasta la cima sin importar que sea poco a poquito; o la generosidad de Andrea desde antes de que fuera atendida y que mantiene a 15 años después de la remisión. Proyecto Zoe y Opinión 51 les dieron el altavoz para amplificar sus historias con una moderadora que las editó con el más alto grado de empatía y experiencia.

Un nudo en la garganta se queda corto, pero sobre todo, reinó la inspiración y la alegría de tener a cinco mujeres valientes que se reconstruyen y hablan para cuidar y ayudar a muchas más.
Después, Soledad Durazo y Pamela Cerdeira conversaron con Leticia Murray, presidenta y directora general de AstraZeneca en México y lo que parecería una conversación técnica sobre la innovación en la ciencia y la esperanza de vida nos llevó a una conversación sumamente humana para conocer el interés de Leticia por la oncología y su deseo de que esta enfermedad sea aún menos el sinónimo de muerte (“que algún día sea tan tratable y controlable como una enfermedad crónica”, nos dijo) o las anécdotas del transitar en el cáncer hasta su remisión de Soledad.

“Hablar de oncología exige mucho rigor. Todo lo que se hace o se deja de hacer en la ciencia impacta en la vida de una persona”, dijo Leticia.

Eso nos lleva al tercer panel, en el que Sandra Romandía conversó con Axelle Desjardins y Paula Anel Cabrera del sector público de salud y María Luisa Guisa directora de FUCAM, sobre la urgencia de tener un protocolo estandarizado de la atención y detección temprana en todo el sistema de salud mexicano a partir de la creación del PRONAM -Protocolos Nacionales de Atención Médica-.

Y es aquí donde el valor del periodismo, de narrar historias, de amplificar los espacios para que muchas relaten lo que les importa nos da una muestra: cada número, cada diagnóstico es una vida que requiere de acompañamiento, de políticas públicas, de certezas al ser diagnosticadas, de innovación y rutas claras en la atención de todas las pacientes para revertir las estadísticas.

Por las que ya no están, las que están transitando un diagnóstico y por todas las que sobrevivieron, este último jueves de septiembre recordamos que de cáncer de mama se habla en cualquier mes, que se puede y debe celebrar y brindar por la vida de todas y que historias como las de Soledad, Mirna, Andrea, Mariana o Judith nos dan esperanza y que en Opinión 51, Zoe seguirá escuchando.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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